Te lo cuento

Antes de nada quiero decirte que nunca he fumado.

Así que nunca te voy a hablar de recetas mágicas basadas en mi experiencia.

Y es que creo que, aunque la experiencia puede ser valiosa, no creo que sea imprescindible, porque lo que me funciona a mí, no tiene por qué funcionarte a ti.

Hace muchos años que ayudo a personas a superar sus adicciones.

He trabajado con personas con adicciones muy complicadas, en contextos muy duros como la prisión o centros psiquiátricos. 

¿Y sabes qué? 

No me ha hecho falta drogarme ni haber pasado una temporada preso o internado en un psiquiátrico para poder ayudarles.

Mi nombre es Gabriel Aúz y soy educador social especializado en conductas adictivas, y lo soy porque desde niño me inculcaron que los problemas que había en mi entorno, también eran mis problemas. 

Y que si yo tenía algo que aportar para resolverlos, no hacerlo era una irresponsabilidad. 

Así que me apliqué en ello.

Y, desde muy pequeño, lo hice con dos herramientas fundamentales: mi capacidad para escuchar a las personas y mi creatividad.

Gabriel Aúz Vázquez - dejar de fumar

Cada persona tiene sus razones

A las personas adultas de mi entorno les sorprendía mi capacidad para escuchar las historias de otras personas. 

Cuando estaban conmigo algo les impulsaba a hablar, a comunicarse conmigo de forma honesta, a contarme sus preocupaciones y sus problemas. 

Y, aunque a veces me abrumaba por informaciones que sobrepasaban a la capacidad de un niño, me sentía privilegiado por estar conectado a otras personas, por la confianza que depositaban en mí. 

La clave, ahora lo sé, estaba en que nunca juzgaba. 

Prestaba atención, guardaba la historia en mí, y no juzgaba. 

Tan sólo trataba de comprender las razones detrás de lo que me contaban.

Cuanto más crecía, más parecía potenciarse eso. 

Y así sigo: nunca juzgo a las personas. Todas tienen sus razones.

A día de hoy no es raro que alguien me diga, al poco de conocerme, cosas como “Madre mía, no te conozco de nada y te he contado mi vida, cosas que muy poca gente sabe”

El sentimiento de conexión, de confianza, que se genera cuando esto pasa es tan potente para mí, que he terminado buscando un oficio en el que esta “habilidad” resulta fundamental.

Crecí en un tiempo y un lugar que presentaba muchos problemas sociales y eso hizo que mi sensibilidad ante ellos fuera muy alta. 

Tanto que, aunque de joven tuve diferentes oficios, lo social estaba muy presente en mi vida, aunque no me dedicara directamente a ello.

Creatividad

A día de hoy no es raro que alguien me diga, al poco de conocerme, cosas como “Madre mía, no te conozco de nada y te he contado mi vida, cosas que muy poca gente sabe”

El sentimiento de conexión, de confianza, que se genera cuando esto pasa es tan potente para mí, que he terminado buscando un oficio en el que esta “habilidad” resulta fundamental.

Crecí en un tiempo y un lugar que presentaba muchos problemas sociales y eso hizo que mi sensibilidad ante ellos fuera muy alta. 

Tanto que, aunque de joven tuve diferentes oficios, lo social estaba muy presente en mi vida, aunque no me dedicara directamente a ello.

Y aquí cobra importancia la segunda herramienta de la que te hablaba antes: la creatividad.

Tuve la gran suerte de criarme en una familia con una gran sensibilidad para el arte y la cultura. 

Mis padres se esforzaron en inculcarme estos valores, además de la responsabilidad social. En mi casa, cosas como la música, la literatura, la pintura, el cine… estaban siempre presentes, de una manera natural. 

Mi padre cantaba, pintaba, hacía fotografías para prensa, tocaba la guitarra… Mi madre era una gran lectora, amante del cine. 

A mí y a mis hermanos nos parecía que aquello era tan normal como respirar.

En ese entorno, las historias que escuchaba a las personas adultas que tenía cerca, encajaban perfectamente en las que encontraba dentro de los libros, las películas o las canciones.

Así que desde niño, sentí la necesidad de expresarme. Cantaba, escribía, inventaba historias…

Esto me llevó a otros caminos profesionales, relacionados con el mundo de la creatividad y la escena. 

Entusiasmo

Estudié Producción de Audiovisuales, Radio y Espectáculos.

Inicié y no terminé, a falta de un curso, la licenciatura en Humanidades, en uno de los que considero los mayores errores de mi carrera: dejarme tentar por el dinero de un trabajo y abandonar esa formación académica.

Durante años trabajé como productor de espectáculos, lo que me llevó a colaborar en eventos de grandes artistas del momento, hace ya más de 20 años, como Carlinhos Brown, Van Morrison, Maná, La Oreja de Van Gogh, Joaquín Sabina, Muse, Joan Manuel Serrat, entre otros muchos.

Esto fue un gran aprendizaje: viajé, conocí a mucha gente interesante, aprendí muchas cosas del mundo escénico y musical y me enseñó a no pensar siempre en la forma más efectiva y rápida de resolver cualquier problema que se me presente.

Pero la vocación social seguía ahí, como algo muy personal mío, complementario de todo lo que hacía. 

Hasta que un día la casualidad me dio la posibilidad de iniciar un voluntariado en una entidad especializada en conductas adictivas. 

Una cosa llevó a la otra y, al poco tiempo, me dieron la posibilidad de estudiar Educación Social (esta vez sí terminé la carrera) y dedicarme profesionalmente a ello.

Desde entonces he aprendido mucho. 

Por ejemplo, que cualquiera podemos desarrollar conductas que pueden acabar siendo un problema

Que tratarnos con amabilidad es clave para superarlas. 

Que la conexión con los demás y con aquello que nos proporciona bienestar son ingredientes fundamentales para mantenernos libres de ellas.

Y mucho trabajo

He trabajado con todo tipo de conductas adictivas: relacionadas con sustancias de todo tipo, alcohol y tabaco incluidos, comportamentales, como la adicción al juego, a las compras, a los videojuegos, a las pantallas… 

He trabajado en prisión y en centros psiquiátricos.

En mi segunda década como profesional de las conductas adictivas, no paro de formarme y aprender. 

Y también de desarrollar mis propios proyectos: programas online para reducir o abandonar el consumo de alcohol, para dejar el tabaco o racionalizar el uso de pantallas.

Compagino esta actividad con mi trabajo por cuenta ajena: un proyecto para personas sin hogar en la ciudad de Alicante.

Pero, fiel a lo que predico, sigo en contacto con aquellas cosas que me generan bienestar emocional: escribo y publico libros de ficción, me involucro en proyectos creativos con otras personas.

Y me subo a un escenario cada que vez que convenzo a un músico de que me acompañe. 

Es una forma de no desconectar del todo de un oficio que me ha aportado mucho.

De ahí surgen cosas como Sal en la memoria, un libro que publiqué junto con el fotógrafo Jorge Meis, y que he llevado a los escenarios, en un proyecto escénico, junto a artistas como Manuel Carballo o Ignasi Poveda, que me llena enormemente.

Libre de humos

Actualmente, en cuanto mis programas, me centro en Libre de Humos, por aquello de la gestión del tiempo: un programa para ayudar a personas fumadoras a dejar el tabaco de una vez por todas.

Enfoco Libre de humos como un programa para dejar de fumar, basado en el bienestar, la amabilidad y, por supuesto, la consecución de objetivos.

El programa se apoya en dos grandes herramientas: el acompañamiento personalizado, muy intensivo durante las seis semanas que dura el programa y la prevención de recaídas.

Porque el objetivo es no dejar de fumar de forma definitiva. 

Como tantas personas tú también puedes conseguirlo.

Si quieres estar al día de las novedades de mi programa, y recibir consejos que te ayuden a dejar de fumar y aumentar tu bienestar, te sugiero que te des de alta en mi lista de correo. 

Es el canal de comunicación preferente con mis clientes.